Una nota cuanto menos curiosa: llevo un año pensando que tenía 42 años y que el 7 de octubre cumplía 43. Ahora que he cumplido 44, me he dado cuenta de que, primero, me lo creí; segundo, el nivel de entrega al momento me ha cegado completamente; y tercero, ¡qué fortuna haberlo vivido para estar aquí! Así que, para celebrarlo, he reunido un buen puñado de aprendizajes que he transformado en 44 códigos de vida prácticos, como vengo haciendo estos últimos años.

44 Códigos de Vida (prácticos)
- Observo, escucho, aprendo y, finalmente, después de la interacción, lección, enseñanza o experiencia, tomo notas y saco conclusiones de esas notas.
- Diseño mi entorno para la productividad y la excelencia humana.
- El problema, apuro u obstáculo solo significa que se requiere un proceso de autoexaminación y autoevaluación para determinar causas, aprendizajes y próximos pasos.
- Tomo la acción necesaria en consonancia con la virtud, la verdad y lo que arde en el centro de mi ser.
- Estoy alegre de que mi inseguridad esté presente, estoy contento de que mi imperfección se manifieste.
- Permito el juicio de otros hacia mí, pero no permito el juicio de mí mismo hacia mí y, consecuentemente, tampoco hacia otros.
- Comprendo que no necesito explicar nada a nadie, que puedo cortar perfectamente con el hábito de dar todo detalle sobre mis vivencias y experiencias. Entiendo que puedo cancelar cualquier compromiso o responsabilidad cuando así lo sienta desde mi centro.
- La gran indiferencia («da igual») viene cuando ni siquiera necesitas explicarla. Sé que no es ni siquiera necesario decir «da igual» (quitando el «me» delante); es entonces cuando me da igual realmente, en esencia.
- Antes de cada interacción, reacción o momento de la verdad, cierro los ojos, respiro con expiraciones largas y profundas, entre 3 y 6 veces, conecto con mi centro y alineo mi ser con lo que se requiere en ese momento y, por consiguiente, con la acción que llevo a cabo.
- Extingo las explicaciones que no se requieren con un argumento verdadero.
- Resumo en titulares mis vivencias o historias en caso de que se pregunten por ellas. Solo doy detalles verdaderos cuando encuentro una intención clara, verdadera y auténtica.
- Me acojo a la firmeza y rectitud del ser ante cualquier vaivén emocional.
- Deseo lo que soy aquí y ahora. Quiero lo que tengo aquí y ahora. Voy aquí mismo. Aspiro a ser esto que soy. Voy a hacer lo que ya estoy haciendo. Este es el lugar donde el sufrimiento, las preocupaciones, las angustias y los miedos desaparecen.
- El propósito de mi trabajo no es el retorno económico, sino el impacto causado y la escala del mismo.
- No necesito opiniones.
- Me atrevo a ser esto que soy, con todo lo que ello conlleva y todo lo que implica.
- Respeto el proceso de otros cuando participo en él tanto como cuando otros participan en el mío.
- Freno mi ansia ante lo que deseo mediante respiraciones y encontrando el deseo en lo que ahora mismo estoy viviendo.
- Trabajo por el mero arte de trabajar, no por dinero, validación o popularidad. Por lo tanto, aquello que se me entregue a cambio no es más que un extra externo, porque el verdadero retorno lo obtuve en el momento en que inicié la acción de desarrollar mi arte.
- Sacrifico, si es necesario, optimización y productividad por la excelencia humana.
- Me comprometo a nunca abandonarme a mí mismo y a volver a mí en cada momento.
- Uso la abstinencia para ganar la luz interior que luego ilumina todo (dentro y fuera).
- Abandono cualquier búsqueda. Si buscaba algo, lo que sea, está aquí, ahora. Si es externo, es «esto», y si es interno, es «esto» también.
- Cambio las tareas de relleno por el arte, en muchas de sus formas.
- Suelto mi papel como «solucionador» y lo cedo a cualquiera que sienta que tiene un problema que solucionar.
- Entiendo que todo lo que me empuja a hacer algo parte de la creencia de que tengo que hacerlo para ser algo que parece que no soy. Esto aplica a lo que hay por delante antes de que suceda y a lo que me repito que «hay que hacer» o a las tareas que fijo.
- Entreno la habilidad de recordar que esta es la última vez en todo momento.
- No tengo intención de hacerles saber a los demás que lo hicieron mal, que me han fastidiado o me han cambiado los planes. Tengo el propósito de adaptarme a ese cambio inesperado y no sentirme abrumado por la consecuencia de sus acciones.
- Solo me comprometo con la importancia del trabajo de gestionar las expectativas y no comprometerme más allá de este exacto momento con ninguna persona, ni siquiera conmigo.
- Entiendo que el coste de comprometerme con alguien para ser querido o gustado es mucho más alto que el coste del miedo a no ser gustado o aceptado por ser como soy.
- Pregunto a la vida, yoscuridad de isra garcia
- a otras personas: «¿Quieres que juguemos juntos?».
- Comprendo que nada está hecho o deshecho, nada conseguido o no conseguido, nada dejado atrás. Todo está presente aquí cuando menos lo esperamos. Todas las probabilidades, posibilidades, situaciones, pensamientos, sentimientos y emociones están delante de nosotros esperando a pasar sin avisar.
- Uso un cuaderno para, antes de hablar, hacerlo primero conmigo mismo.
- Cuando el tiempo va rápido, yo voy más despacio.
- Juego con lo que me minimiza, acobarda, neutraliza o me hace recular.
- Verbalizo en voz alta conmigo mismo o con otros la oscuridad/miseria/sombra que quiero echar a un lado.
- Cada paso que doy, lo doy hacia el perfeccionamiento moral y ético, hacia la figura del sabio que no sabe que es sabio. Aquello que debe perfeccionarse es solo un mal hábito cosechado hace tiempo debido a la falta de conocimiento sobre cómo vivir épicamente.
- Me retraigo del compromiso que he adquirido siempre que haya sido desde el lado de la aprobación o la demostración de cariño o merecimiento.
- Cuando aparece una fricción, me pregunto qué pasaría si «yo» no formara parte de la ecuación.
- Estoy dispuesto a incomodar, molestar, aterrorizar o ignorar a quien sea con tal de ser tal y como soy en esencia, y cuando digo «en esencia», es ser eso que hay antes de que la influencia, complacencia, obediencia y el agrado, la validación o aprobación aparezcan.
- Quedo al margen de eventos sociales que no resuenan, felicitaciones de cumpleaños por felicitar, fiestas donde «hay que ir», llamadas «que hay que hacer», amigos a los que «debo visitar o contactar» o relaciones que «tengo que cuidar».
- De vez en cuando, coloco todo del revés: rutinas, ropa, intercambios, conversaciones, hábitos, costumbres y relaciones.
- Cada vez que me juzgo, me recuerdo que no estoy ni en un lado ni en otro, que no soy ni esto ni aquello, que no soy ni tan bueno ni tan malo, que no soy ni tanta luz ni tanta oscuridad, que soy y estoy en algún lugar entre ambos puntos, un lugar innombrable e incategorizable, como el ser humano.
El fin de todos estos 44 códigos de vida es el mismo: no es que uno sea mejor, más virtuoso, más exitoso o se convierta en un ejemplo para los otros. No, el fin es el único que tiene sentido: servir a todo el que sea posible.
Qué hacer con ellos – cómo usarlos
Pues lo que quieras. Si fuese tú, de los 44 códigos de vida, me quedaría con los 3 o 4 que más resonaran con tu experiencia actual. Los utilizaría cada día de forma práctica, porque, en sí, cada uno de ellos nace del día a día. Luego elegiría otros 2 o 3 que pudieras añadir más adelante. Lo ideal es tenerlos en algún sitio visible. En mi caso, los que más uso los tengo como recordatorios universales en la agenda diaria que uso en Evernote, arriba del todo. Así, cada vez que entro, los veo sí o sí. Si los usas, síguelos, no los rompas, comprométete, sobre todo cuando más difícil es seguirlos, ahí está la clave.
Ve y usa estos 44 códigos de vida para servirte a ti primero, lo que sirve a todo el mundo. Todos ganamos.
Siempre hay una oportunidad para contribuir y cambiar las cosas que importan. Y si no lo hacemos nosotros, ¿quién lo hará entonces?
Siempre es el momento.




