20 días en silencio: la convivencia

By Isra Garcia  //  Experimentos, Guest, Lifestyle  //  1 Comment

20-dias-en-silencio-en-convivenciaCuando el experimento 20 días en silencio terminó, se me ocurrió pedir a Mawi Durán un testimonio con sus impresiones sobre todo ese tiempo que pasé y pasamos juntos. Primero porque fue con la persona que más tiempo compartí antes, durante y después del experimento y segundo, porque ella directamente vivió las cosas buenas y no tan buenas durante esos 20 días. Soportó y resistió al soportarme a mí, irremediablemente para ella y afortunadamente para mí. Pensé que una visión no-viciada externa aportaría un valor mayor al experimento, además de ser un ejercicio de trabajo en equipo, crecimiento y aprendizaje juntos. Esto a su misma vez podría impactar positivamente en ti y otras personas.

La idea era incluir esto dentro de las conclusiones finales, las cuales iba a publicar hoy mismo. Sin embargo, al recibir la experiencia y sensaciones de Mawi, sobre su visión externa-interna de lo vivido a través de todo el experimento, no tuve la menor duda de que esto merecía una explicación a parte.

Qué supone permanecer 20 días en silencio para la persona con la que convives

Te presento las conclusiones de Mawi sobre el experimento 20 días en silencio vivido desde dentro hacia afuera.

Cuando Isra me contó que tenía la idea de estar 20 días sin hablar en plena sociedad, me pareció una auténtica locura. Aunque pensándolo bien, quizá no lo era tanto viniendo de él después de los experimentos y vivencias a las que nos tiene acostumbrados.

Es cierto que en algunas ocasiones nos cruzamos con gente que comentaba haber hecho un Vipassana y que era muy duro. Eran como señales que se presentaban en su día a día que supongo que le hicieron actuar y decidir que lo iba a hacer, y muy pronto.

Sabía que iba a vivir bien de cerca el experimento y me pareció curioso. Pensé que podría aprender y ponerme a prueba frente a situaciones que además de él, tendría que saber controlar yo también con diplomacia. Así que le di mi máximo apoyo (o al menos lo intenté)
La primera vez que le vi desde que se calló (por fin) fue divertido. Compartimos una horchata y se explicaba a través de un cuaderno. Ahí no recuerdo que se le escapara ninguna palabra; eso vino después.

Pasaron los días y convivimos muchos momentos juntos. Todo era divertido como siempre y aún en silencio seguía siendo capaz de sorprender y superarse cada día conmigo.

No recuerdo bien el momento, pero es cierto que la conexión empezó A no ser la misma. El feedback era complicado en ocasiones. Lo escrito no suena igual que lo pensado, expresado y escupido con una sonrisa, pero aún así todo iba bien.

A eso le sumamos que yo estaba sensible, por que las hormonas se estaban apoderando de mi cuerpo y eso influye, por supuesto.

Note cierta inseguridad al no poder expresarse, sentía como que iba perdiendo fuelle al no poder hablar tal y como suele hacerlo. A través de la libreta del móvil intentaba transmitirme todo lo que sentía pero tras un malentendido no era fácil. Se respiraba negatividad.

En ese momento se le escaparon algunas palabras y eso a mi me hacía sentir mal, realmente mal, ya que no quería ser la causa de que su experimento no saliera bien. Era una impotencia muy extraña, algo que no había vivido antes, porque quería apoyarle y matarle a la vez.

Era difícil ya que se trataba de algo ELEGIDO, pero aún así había que completar los veinte días para que su propósito saliera bien.

Lo bueno de esto es que quedó en un momento de incomprensión absoluta, de ganas de perdernos de vista, algo que no había pasado antes.

He aprendido las siguientes cosas;

De él:

  • Que tiene una fuerza de voluntad inhumana.
  • Que admite sus errores y trabaja en mejorarlos.
  • Que también es vulnerable y puede caer a pesar de ser tan duro.
  • Que es un cabezón.
  • Que tiene mala leche y sabe dar portazos.

De mi:

  • A escuchar más. Aunque no hablara se me hacía raro oírme a mi continuamente se me hacía bastante raro y no me gustaba.
  • A estar más atenta para poder interpretar sus gestos, miradas etc, sin voz. (No es lo mismo estar oyendo a alguien mientras revisas el teléfono móvil o miras un catálogo de Ikea)
  • A respetar el proyecto de otra persona como si fuera mío.
  • A convivir en una situación menos cómoda a la que estaba acostumbrada.
  • A disfrutar del silencio.

También he vivido grandes momentos. Así que aunque puede parecer extraño después de todo lo que he echado de menos su voz es que me alegro mucho de haber participado de este experimento y haber podido aprender cosas y conocerle más.”

Photo credit: Mawi Durán.

  • victorronco

    Muy interesante testimonio. Ahora, todavía más, he de conocer a Mawi.

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