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La caída de Ícaro tampoco importó demasiado

By Isra Garcia  //  Alto rendimiento, Liderazgo

El Paisaje con la Caída de Ícaro es una de las mejores pruebas de la historia para demostrar que no importas demasiado. Ni tú ni yo. Una aparentemente escena campestre: barcos navegando, un pastor que cuida su rebaño, ciudades prósperas y ordenados. Sin embargo, algo sucede en la esquina inferior derecha del cuadro…

no importas demasiado - isra garcía

Una tragedia que pasa desapercibida está ocurriendo en medio de la normalidad… El legendario y mítico Ícaro da sus últimos coletazos, en lo que fue uno de los más famosos desastres aeronáuticos. Además de una de las mayores historias de excelencia versus mediocridad. Junto a su padre Dédalo, el joven construyó un par de alas que pegaron a él con cera. La versión conocida: Dédalo advirtió a Ícaro que no volara muy cerca del sol, porque eso le haría derretir las alas. La otra parte de la versión que la historia se ha olvidado de contar: Dédalo también advirtió a Ícaro que tampoco volara muy bajo porque se golpearía con las piedras y caería al mar igualmente. No muy alto, no muy bajo. Ya sabemos como acabó la aventura…

Un mensaje de realidad

Bien, la pintura, muestra a Ícaro siendo engullido por el mar. Esta es la parte que aquí importa: el fin de Ícaro no es el epicentro del mensaje de la obra artística. En lugar de eso, la atención está depositada en el mar, en las ciudades, en los navíos, en el paisaje, en todo menos en el muchacho ahogándose. Y además, para enfatizar esto último, el arador del centro de la pintura hace referencia al dicho: “la siembra no se detiene por un agonizante”. Esta gran indiferencia tiene un mensaje muy potente para todos nosotros. Es algo triste y horrible, pero al mismo tiempo acertado. A nadie le importa sobre nuestro propio sufrimiento o desgracias, ni siquiera sobre nuestras alegrías y éxitos. Aunque los likes y comentarios de Instagram nos hagan creer lo contrario. El mensaje está claro, no importas demasiado.

Este tipo de indiferencia es profundamente gratificante. Es un hecho redentor, porque una de las principales causas de infelicidad y desgracia es la gran perturbación que causa lo que otras personas podrían pensar de nosotros. Intentar gustar a todo el mercado. Pretender conquistar los corazones de cuatro tipos de clientelas diferentes. Agradar y ser validado por todos los compañeros de clase. Ser la personas más entrañable, amistosa y popular de la empresa. Temer por lo que otros dirán sobre lo que explicamos en un vídeo. Preguntándonos qué pensarán sobre nosotros cuando erramos. Nos obsesiona el más mínimo cambio negativo en los ojos de otros sobre lo que nosotros representamos. Lanzamos productos para gustar a quien no gustamos. Cambiamos nuestro humor para entretener a quien no desea ser entretenido. Hablamos para caer bien a alguien que no necesitamos caer bien.

Historia personal

¿Has pensado alguna vez en cómo evitar la aprobación? ¿En ignorar la validación externa? ¿En dejar de buscar un testigo para todo? Yo sí, porque en cierta manera, hasta hace no mucho, acababa pontificándome sobre lo que hacía y dejaba de hacer. Algo triste, que guarda deseos de ser merecido y querido, la indignidad. Algo que acepté y entonces poco a poco empecé a trabajar. Hoy, todavía me verás buscando testigos y buscando ese pobre placer de quedar satisfecho contando lo que he logrado o qué estoy haciendo, pero definitivamente, hoy menos que ayer, y mañana menos que hoy.

No importas demasiado

Entregamos nuestra libertad al veredicto de extraños. Sí, pero el reconfortante pincel del genio de Pieter Brueghel está ahí para recordarnos, cómo, cuando realmente “la cagamos”, nadie estará prestándole demasiada atención. Cuando tenemos éxito, no será tan trascendente para el mundo. El granjero está muy ocupado arando, el empresario estará demasiado ocupado con su empresa. El pastor está muy abstraído pensando en el clima, tus clientes están demasiado enfrascados en su propio idilio. Alguien estará intentando pescar, alguien estará intentando mejorar tus servicios prestados.

Esta es la moraleja, nuestras tragedias y nuestros éxitos no son de importancia para la sociedad de la forma que pensamos que importarán. Seguro, habrá personas que se darán cuenta, por un instante, luego volverán a sus deberes. Solo los pobres diablos, los escépticos y los aburridos podrían dedicarle un tiempo extra a esto.

Antes de que sea tarde

No somos el centro de nada. Hay millones de personas que no saben quién soy y nunca lo sabrán. Muchas de las personas que hoy me siguen, dentro de un tiempo dejarán de hacerlo. Los que podrían estar en desacuerdo conmigo, pronto me olvidarán. Los hechos, buenos o malos, sufrirán una gran amnesia a menos de un mundo consoladoramente indiferente.

Después de todo, no es solo Ícaro el que será tragado por las olas, sino también todos nosotros, tarde o temprano.

No importas demasiado, así que ve y haz lo que tengas que hacer.

Atribución imagen: Artelista.

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