La Primera Búsqueda de la Vision (Vision Quest)

Llevo desde octubre del año pasando preparándome para lo que se denomina como el Vision Quest, una especie de rito de paso, tradición iniciática y experiencia cumbre. Hoy día 15 de octubre estaré encontrándome con seis compañeros y nuestros correspondientes guías en un campamento en el Gila Wilderness y en Lower Scorpion, en la zona de Silver City en Nuevo México, para empezar mi primera Búsqueda de la Vision.

hacer un vision quest isra garcia
Atribución imagen: Dominik Jirovski – Unsplash

Cuando vuelva lo habré atravesado. Las experiencias contadas después tienden a ordenarse solas: los retos se vuelven necesarios, los imprevistos se vuelven señales, la confusión se vuelve lección.

Hoy quiero dejar por escrito, lo que sé, lo que creo saber y lo que espero. Después escribiré una segunda parte y seguramente grabaré unos vídeos en forma de integración. Soy conscientes que lo más útil que podré contar estará, probablemente, en la distancia entre antes y después de terminar.

Qué es un Vision Quest – y qué no es

Lo que voy a hacer no es una ceremonia indígena al uso. Conviene decirlo primero. La expresión “Vision Quest” mezcla dos cosas distintas.

La primera es la práctica de ayuno y soledad en busca de una visión que existe entre varios pueblos nativos de Norteamérica. La más citada es la Hanbleceya Lakota, que suele traducirse como “llorar por una visión”. Es uno de los siete ritos que Alce Negro (Black Elk) describió a Joseph Epes Brown en La La Pipa Sagrada (1953). Estas prácticas tienen su propia lengua, su propia cosmología, sus propios guardianes y sus propias condiciones de acceso.

La segunda es un rito de paso contemporáneo en la naturaleza salvaje. Steven Foster y Meredith Little empezaron a desarrollarlo en California a principios de los años setenta, y en 1981 fundaron la School of Lost Borders. Del ayuno indígena tomaron tres elementos: el ayuno, la soledad en la naturaleza y la búsqueda interior. Los ordenaron según el esquema que el etnógrafo Arnold van Gennep propuso en 1909 para todos los ritos de paso: separación, umbral e incorporación. El propio Foster solía llamarlo vision fast, ayuno de visión, más que vision quest.

El programa al que me uno pertenece a esta segunda familia. Lo dirige Sparrowl que hizo su primera búsqueda en 1980. Más tarde fundó una comunidad entorno a este tipo de rituales, y lleva más de tres décadas guiando programas de once días. Toda la documentación que me han enviado usa el vocabulario de van Gennep: separación, umbral, incorporación, entre otros conceptos y aspectos.

Una consideración sobre esta versión del Vision Quest

El linaje en el que voy a hacer mi búsqueda no es Lakota ni dice serlo. Sí usa la palabra “quest” y habla de los medicine walk y de las enseñanzas de la rueda medicinal, términos que vienen de tradiciones Lakota. Este es un rito de paso moderno, de origen euroamericano, inspirado en prácticas indígenas y distinto de ellas. Usaré “Vision Quest”: así se llama el programa y así lo entendemos, pero en realidad parte de ese nombre es prestada.

Cómo funciona esta versión

Once días en el Gila wilderness y Upper & Lower Scorpion, en el suroeste de Nuevo México, del 15 al 25 de octubre. Se dividen en tres fases que siguen el esquema de Van Gennep.

Separación (días 1 a 4) – Campamento base con el grupo. Consejos diarios para preparar cuerpo y mente: ceremonia, seguridad, ayuno, cómo montar un refugio con una lona. El cuarto día, cada uno camina hasta la zona donde buscará su lugar.

Umbral (días 5 a 8) – Cuatro días y cuatro noches a solas, en ayuno, bajo una lona, sin distracciones, sin mecanismos ni artilugios. Una vez al día visitas un montón de piedras acordado (rituales) y dejas una señal de que estás bien. Ese es el único contacto.

Incorporación (días 9 a 11) – Regreso al campamento, una comida compartida y se forma un consejo en el que cada persona cuenta su historia. El grupo escucha y se la devuelve como un espejo.

Esto es a grandes rasgos lo que sé antes de hacerlo.

que es un vision fast
Atribución: Patrick Untersee – Unsplash

Sin embargo, dos detalles prácticos dicen más que cualquier descripción «espiritual». El primero es la temperatura. La media de octubre ronda los 21 °C de día y los 4 °C de noche, pero puede bajar varios grados bajo cero. El saco tiene que aguantar hasta unos −9 °C. El segundo es el documento de exención de responsabilidad. Dice con claridad que durante el tiempo en solitario nadie nos vigila. Los guías ni siquiera sabrán exactamente dónde estamos. El precio del programa cubre la preparación y la integración. El acompañamiento durante el solo se ofrece de forma gratuita, “fiel a la tradición”.

Esa última frase me alucina. Orgánico como la vida misma. Lo que se cruce en ese tiempo es responsabilidad de quien lo cruza.

Seis años de espera

Conozco este ritual del Vision Quest desde hace muchos años. He estado observando y siendo paciente desde 2020, y sigo el trabajo de Sparrow, nuestro guía, desde hace cuatro. El lleva 40 años haciendo haciendo varios Vision Quest al año consigo mismo y otros cuantos más guiando. Sin duda el tipo anda el camino y hace el trabajo que importa.

El año pasado todo estaba listo. El programa empezaba el 7 de octubre, justo el día de mi cumpleaños. Se canceló por un motivo personal de los organizadores, y lo pasé a este año.

Si alguien me pregunta por qué voy, la respuesta es que es el momento. Seguro no voy con la idea de arreglar nada. Detrás no hay una crisis, ni una carencia que llenar, ni una pregunta urgente que exija respuesta. Trato mi vida como un laboratorio, y esto forma parte del experimento de vivirla.

Sé que esa respuesta choca con lo que suele contarse de estos ritos, que casi siempre empiezan con alguien que llega roto o necesita hacer un gran cambio. O tienes que venir con una intención. No es mi caso, o todavía no lo sé. Prefiero no inventarme una herida (o repetírmela si ya no es aquí y ahora) para que la historia tenga arco. Al palco con el robo emocional.

La preparación es cada día, por favor

El Vision Quest no empieza hoy 15 de octubre. Empieza meses antes, con tareas muy concretas.

La carta de intención ordena tu intención, propósito y objetivos según las tres fases. De qué me separo: qué actitudes, hábitos o situaciones ya no me sirven. Qué quiero incorporar. Y qué hay en el umbral: qué temo de verdad, qué me impide soltar lo que quiero dejar atrás y tomar lo que quiero traer, con qué aliados cuento. Escribirla me obligó a responder cosas que en la vida diaria quedan sin respuesta.

qué es la busqueda de la vision
Atribución imagen: Jehyun Sung – Unsplash

El consejo de aliados, o círculo de intención, es un grupo de personas a las que cuentas lo que vas a hacer y a las que pides apoyo. Cumple la función que antes cumplía la comunidad. Sparrow sugiere otras prácticas preparatorias: Death Lodge, donde te despides de personas y cosas como si no fueras a volver, ejercicios de umbral, Talking with the Wind (hablar con el viento) o diseñar una ceremonia propia.

El medicine walk es un día entero a solas en la naturaleza, un mes antes, sin plan, dejándote llevar. Ahí me topé con un problema de calendario. Del 14 de agosto al 16 de septiembre estuve en un monasterio zen en Japón, sin conexión, continuando mi formación como monje laico en la escuela Soto. Le pregunté a Sparrow si ese tiempo podía contar como preparación.

Él me explicó la razón de la medicine walk: no conoce a fondo a quienes llegan, y llegan desde dos extremos. Unos tienen mucha experiencia en la montaña pero poco trabajo interior. Otros han hecho cien retiros pero rara vez han estado a solas con la realidad física y primaria de la naturaleza. Ese medicine walk cubre las dos cosas. Te pone en contacto con el mundo natural y te hace moverte sin plan, guiado por algo que no sale de la cabeza. En mi caso, me dijo que no me preocupara porque las inmersiones semanales de oscuridad, la práctica constante y ese tiempo en Japón cuentan.

Me quedé con su forma de pensarlo. Para él, la preparación es una manera de medir lo que le falta a cada persona.

La paradoja de la intención

Este linaje insiste en una idea por encima de todas: tienes que saber qué buscas. Sin una intención clara, el tiempo a solas se dispersa.

En una de las sesiones preparatorias dije mi intención en voz alta. Al terminar, me pregunté por qué tenía que tener una. La respuesta era simple: me lo habían pedido.

El zen Soto tiene una palabra para la actitud contraria: mushotoku, sentarse sin nada que ganar. No meditas para calmarte, ni para iluminarte, ni para nada. La práctica ya es el fin.

Así que mi intención ha acabado siendo estar allí, vivirlo, atravesarlo.

No sé si las dos ideas se contradicen – algo que amo. Quizá no hablan de lo mismo, y la intención de la búsqueda funciona como una herramienta para enfocar la atención y no como una meta que alcanzar. O quizá la contradicción es real y tendré que convivir con ella durante esos días. Es una de las dudas que me llevo y estoy a gusto con ella.

Lo inesperado siempre llama a la puerta

Hasta ahora, la mayor sorpresa ha venido de las otras seis personas, más que del ayuno o de la soledad.

No nos conocemos. Solo hemos intercambiado unos pocos correos. Y aun así se ha formado algo parecido a una hermandad. Cada uno ha compartido por qué va, y las historias son potentes y muy personales. Son 6 compañeros de más de 50 años, qué afortunado me siento.

Lo curioso es que estaba anunciado. La primera página del dosier del programa advierte que lo más difícil de describir es la comunidad que se forma. Suele llegar como una sorpresa: cada uno viene centrado en lo suyo. Lo leí y no le di mucha importancia. Pasó igual.

De Japón al desierto

Llego a este Vision Quest de un 2026 de otra galaxia, ya aterrizado de la Gran Victoria, pero todavía adaptándome a este nuevo mundo – si es que acaso hay algo que adaptar.

Hace menos de un mes salí de Annonji, en las montañas de Japón, donde viví con Jinen Roshi y Nicolás Taigen. La vida allí era muy básica: takuhatsu (ronda de mendicidad), trabajo en la tierra, 10-14 sesiones de 40 min de zazen al día, con nada mas. Jinen Roshi lleva más de cincuenta años meditando entre doce y catorce horas al día. Es la primera persona que he conocido de la que puedo decir, sin exagerar, que está realizada. Él lo describe como haber realizado el yo esencial, que es el no-yo.

De allí aterricé en España, y de España y ayer llegué a Nuevo México. Entre medias llegó un cumpleaños distinto a todos los anteriores… El 7 de octubre apagué el teléfono todo el día y parte del 8. No respondí a nadie. La única señal externa de que era mi cumpleaños fue un “feliz cumpleaños” en la pantalla del centro deportivo donde acudo regularmente al pasar la huella. Pasé el día celebrándolo conmigo mismo. Nunca lo había celebrado así.

Hasta el día anterior estaba convencido de que cumplía 43. Nací en 1982. Cumplía 44.

Esto es parte del estado en el que llego. No significa nada más ni nada menos. he practicado y he hecho el trabajo que importa en 2025 y 2026 como nunca. No sé si eso me prepara mejor o si hará que espere del desierto lo que encontré en el monasterio. ¿Y qué más da?

El día que empieza el Vision Quest

Lo que sé es poco y concreto. Conozco la estructura del rito y de dónde viene. Sé que pasaré cuatro días y cuatro noches solo, sin comer, bajo una lona, en un valle junto al río Gila. Sé que esto viene de muchas generaciones y de una tradición de la zona.

Casi todo lo demás no lo sé, para variar. No sé cómo responderá mi cuerpo al ayuno a la intemperie. No sé si la soledad del desierto se parecerá a la del monasterio. No sé si la pregunta de la intención se resolverá o se disolverá. Y no sé si “no busco nada” es una verdad o una pose de idiota sofisticado, que seguro que soy (demasiadas risas).

Cuando vuelva, llevaré un diario que no separe nada. No llamaré visión a nada solo por haber sido intenso. Dejaré pasar varias semanas antes de escribir la segunda parte. Y antes de escribirla, releeré esto y diré en qué me equivoqué. Ojalá en un 200%, o no.

Vamos a ello.

A seguir haciendo de cada día algo legendario.

Moriré así. Ojalá.

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