No sabes tanto como para preocuparte

Ayer aterricé en España, pasando por Madrid para grabar hoy una conferencia sobre teletrabajo ultraproductivo. Y ahora rumbo a Valencia en AVE, donde estaba intentando encontrar un motivo para escribir, algo que decir. Sin embargo, cuando lo tenía me di cuenta de que estaba escribiendo por escribir. Entonces dejé de escribir lo que estaba escribiendo para escribir lo siguiente:

Isra, ¿qué es lo que sabes?

Estoy cansado. Agotado, ¿por qué? No sé, no sé si es el famoso Jet Lag, no sé si es que me faltan energías. En realidad, no sé.

No tengo ganas de hacer nada, ¿por qué? No sé. No sé si estoy notando el cambio del calor, el sol, la playa, la despreocupación. Vaya, no sé.

Tengo pereza de hacer todo lo que suelo hacer ¿por qué? No sé, no sé si no quiero hacerlo o si quiero hacerlo y no puedo o si no es el día. No sé, en realidad.

Solo quiero dormir ¿por qué? No sé, no sé si es porque realmente necesito horas de sueño o porque me cuerpo necesita recuperar, o no. Bueno, no sé.

Me duelen los brazos, ¿por qué? Esto sí lo sé, creo, por no parar de hacer Qi Gong, Tai Chi y Kung Fu en más de 400 días, no paré incluso cuando ya me dolía hace unos meses, ahora siento dolor cada vez que los empleo.

Llevo varios meditando de una forma muy poco regular, sin darle mucha atención al proceso, solo sentándome y a veces no terminando la sesión. ¿Por qué? No sé, tal vez porque eso es lo que se está dando, quizá porque no me apetece meditar, quizá por que es parte del proceso en el que me encuentro. Interesante, no sé.

No me apetece escribir, ni este post, ni escribir libremente cada mañana ¿por qué? No sé, a lo mejor porque no sé que decir o estoy saturado mentalmente. O, solo no sé.

Llevo días sin hacer deporte, ¿por qué? No sé, puede ser porque no quiera hacerlo, porque mi cuerpo lo rechace, porque me cuente una historia, o quien sabe. No sé.

no sabes tanto como para preocuparte

Me distraigo con una facilidad asombrosa, ¿por qué? No sé, quizá por que quiero ocupar mi mente con frivolidades que me aparten de enfrentarme al día, o quizá debo distraerme y ya. Lo acepto, no sé.

Compruebo muchas más veces las redes sociales a diario que lo he hecho nunca, ¿por qué? No sé, quizá espero que llegue algo que me salve de estar aquí y ahora. Quizá, pero en verdad no sé.

Van ya unos cuantos días comiendo de forma muy poco óptima, ¿por qué? No sé, no sé si me apetece comer comida basura para entretener mis ansias y parecer así que calmo mis turbulencias mentales. Lo cierto es que no sé.

Isra, no sabes

En realidad ahora que escribo esto, me doy cuenta de que no sé porque me encuentro como me encuentro, hago lo que hago y pienso lo que pienso, quizá debía suceder tal y como está sucediendo. Quizá no es nada nuevo, ni nada demasiado preocupante, quizá es solo lo que tenía que suceder así.

¿Te das cuenta lo fácil que es cargar de juicio implacable nuestras acciones? ¿Lo sencillo que es convencernos de que hay algo erróneo en nosotros? ¿Lo simple que es optar por el camino del daño y la derrota?

Recuerda que no sabes tanto como crees para preocuparte.

Recuerda que no sabes.

Atribución imagen: Gonzak.

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