Apúntate a ti mismo, porque eres el único responsable de tu vida

viernes, Abr 16

Hay dos tipos de personas: primero los que apuntan con el dedo a otras personas. Cuando hay un desafío, un obstáculo, un problema, un error, entonces apuntan a otros con el dedo. Consecuencia: nunca saltan al siguiente nivel.

Cuando hay un conflicto, cuando hay una guerra (interna o externa), debes establecer tu posición en el medio de ese suceso, por trágico, terrorífico y devastador que pueda parecer.

Entonces, cuando estés ahí, en el ojo de la tronante, repite lo siguiente:

“¿Quiero lanzar a otras personas al infierno que no merecen o voy a ser yo el que dé un paso y se coloque en esa línea ardiente y incandescente? ¿Voy a esquivar el compromiso o voy a tomar responsabilidad?”

Entiende que cada vez que apuntas con el dedo, lo que le estás diciendo a tu vida, a tus sueños y a tus objetivos es algo así como: “voy a tener que ponerte en la lista de espera amigo mío, justo después de las excusas mediocres y las lamentaciones victimistas”.

En el instante en que apuntas con el dedo, lo que haces es perder una cantidad infinita de poder sobre lo único que ejerces tal potencial, tú mismo.

Tan pronto como digas que es la culpa de este, el otro o aquel, hay un mensaje que se crea automáticamente. Uno que dice “soy un inmaduro e irresponsable y necesito alguien responsable que venga y solucione esto, por favor”.

Cuando dices “fue él”, “fue ella”, pasas directamente a tener 10 años y estar a cargo de alguien adulto que te vigile, te de de comer y te diga qué es lo que debes hacer. Te conviertes en ese joven que dicen “que venga mamá o papá a por mí y me ayude, estoy asustado. Es demasiado para mí”

Opción alternativa: tomar responsabilidad

Luego, hay un segundo tipo de personas:

Si apuntas con el dedo a otros no tomas responsabilidad por tu vida

Los que dicen: “fui yo el responsable”, “déjamelo a mí”, “es cosa mía, confía en mí”, “no voy a fallarte, y si fallo volveré a levantarme para solucionarlo”. Son esas personas que saltan a la arena a liderar su propia vida.

Tienes que tomar responsabilidad máxima por tu vida, tus acciones, pensamientos, sentimientos y reacciones.

Haz lo que tengas que hacer, sé el responsable que solo tú puedes ser.

Levántate pronto, quédate hasta tarde.

Así es como muchos apuntan con el dedo, porque no han probado el verdadero sabor del dolor. Esa es la razón por la cual regalas todo tu potencial, porque duele demasiado decir “yo lo hice, fui yo, tomo absoluta responsabilidad por todo, incluso aunque no me pertenezca, me da igual, es mío”.

Cuando lo hagas, serás libre.

Atribución imagen: Simon Berger.

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