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Los yonkis de la dopamina

By Isra Garcia  //  Nueva economía

¿Qué es lo que has hecho hoy? Si realmente somos honestos con nosotros mismos ¿qué has conseguido crear con todos los avances que hoy tienes disponibles? ¿Cuántas vidas has mejorado? ¿Cuántas personas disfrutaron y progresaron gracias a tu producto o servicio? Dejémonos de historias, en esencia, desde la raíz ¿cómo esta economía te ayuda? Solo pensamos en la gratificación instantáea, en la dopamina.

Adictos al chute de adrealina

los yonkis de la dopamina tecnológicaCada minuto, o mejor, cada 30 segundos. Actualización, escándalo político. Últimas noticias, atentado o crimen. Más noticias, cotilleo del corazón. Otra actualización, no te pierdas el Black Friday. Más últimas noticias, la fiesta del año, no puedes faltar. Una nueva noticia, el desempleo sube. Desencadena. Agita. Lanza. Recompensa. Eleva (o droga). Choca. Repite. Lo has sentido y yo lo he sentido, así que no hay necesidad de negarlo. Ese chute de adrenalina que produce el tratar de encontrar la mejor oferta, hora, día, placer. Hemos construido una vida de dopamina. Es adictiva y tóxica, para nosotros como sociedad y como cultura.

Hemos ido más allá de crear “consumidores”, que fue lo que Mad Men hizo. Hoy, hemos creado yonkis del algoritmo y las tendencias. Personas que desesperadamente comprueban sus smartphones quince veces en 5 minutos, cientos de veces al día. Esos ojos saltones y desorbitados que no desean abandonar la pantalla. Profesionales que, de forma compulsiva, emplean más tiempo en Oz o en el país de Nunca Jamás que con sus familias o equipos de trabajo. Nos hemos convertido en una sociedad que busca el chute de adrenalina que produce ver “últimas noticias” o “es tu oportunidad” en la televisión apuntando a ti. Es un modelo mediocre de lo que significa ser un ser humano hoy en día. Una forma institucional, donde las personas buscan “colocones” de dopamina más altos, rápidos y afilados, para así dejar atrás los “bajones” más oscuros y complicados.

La dopamina controla nuestros días

Ahora. Resistes la urgencia de evolucionar hacia algo más orgánico y consciente, porque la verdad es simple: la dopamina hace estallar la adrenalina. Sin embargo, perseguir ambas cosas demasiado agota tanto la dopamina como la adrenalina, y por lo tanto desequilibra el resto de nuestro cerebro, y causa serotonina, lo cual nos desregula y puede acabar en psicosis como resultado. También resistes la urgencia de dar una respuesta fácil como “entonces deberíamos crear una sociedad adicta a la serotonina”. Llena de cosas motivadoras, un entorno digital de plenitud. Tú y yo sabemos que no es tan simple.

Ahora recompensamos a las personas, como si fueran cobayas de laboratorio, con pequeños trocitos de recompensas, ya sean cupones, titulares apetecibles, descuentos, ofertas especiales, premios y más. Lo peor, es que de alguna manera, esas personas siempre vuelven a por más. No sabemos muy bien por qué. Tampoco sabemos sobre el fuego con el que estamos jugando. Estamos incluso manipulando los principios más básicos de la propia neurobiología humana. Cada clic produce el efecto de una inyección de heroína. La dopamina produce una adrenalina que recorre todo nuestro sistema. El dopaminérgico, lo cual es, una visión unidimensional del potencial humano, es una visión comportamental hacia el potencial humano, y además es una perspectiva linear: la presunción de las personas pueden ser entrenadas para ser lo que queramos, a través de recompensas sistemáticas que controlan un tipo de experiencia, una y otra vez. Adrenalina de lucha y vuela.

Tengo el “mono”

Aún así, el resultado para nosotros, los maestros de la dopamina, nos dejan dentro de un círculo vicioso. Tenemos que ofrecer recompensas más intensas que la siguiente persona. Ese es el juego de Amazon, Facebook, Tinder, Instagram, etc. Entra, no permitas que pase de largo. Hay un universo infinito de cosas esperándote. Es mejor que hagas clic ahora, a menos que quieras divagar solo y perdido para siempre. El algoritmo susurra: “Necesitas un chute ahora, ¿verdad? Sé que tienes el mono”. Tú y yo lo sabemos, y ambos hemos respondido de manera desesperada, también.

¿Qué deberíamos hacer al respecto? Ofrecer alternativas para que las personas se expresen a sí mismas. No mostrar a “sus mejores ellos mismos” o sus “verdaderos sí mismos”. Solo ellos mismos. ¿A caso no estamos haciéndolo ahora más que nunca Isra? No. ¿Me estás vacilando? Hemos creado un juego de actuación, un show, en el cual la expresión está truncada, alterada y deformada. Estoy alargando demasiado, así que te dejaré con un tema para el futuro…

Me atrevo a decir que esta adicción algorítmica es uno de los nuevos problemas más grandes que existen hoy.

Atribución imagen: intropin.

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La cultura de la dopamina, los adictos a la adrenalina tecnológica
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La cultura de la dopamina, los adictos a la adrenalina tecnológica
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